Colitis ulcerosa

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica del colon que comienza en el recto y se extiende de forma continua. Se caracteriza por diarrea con sangre, dolor abdominal y brotes que alternan con periodos de remisión. Aunque no tiene cura definitiva, existen tratamientos que permiten controlar la inflamación y mejorar la calidad de vida.

¿Qué es la colitis ulcerosa?

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta de forma continua y prácticamente exclusiva a la mucosa del colon. Se considera que fue descrita por primera vez por el Dr. Samuel Wilks en 1859.

La inflamación empieza en el recto y progresa hacia el resto del colon sin dejar zonas libres, deteniéndose de manera brusca en la válvula ileocecal. Habitualmente no afecta al intestino delgado; si aparece inflamación en el íleon distal, suele ser leve y debida a extensión de la inflamación desde el colon, lo que se denomina “ileitis por reflujo”.

Se caracteriza por una inflamación limitada a la mucosa, con erosiones y úlceras que sangran con facilidad. Los síntomas típicos incluyen diarrea con sangre, pujos con moco o pus, dolor abdominal, sensación de evacuación incompleta y, en ocasiones, fiebre.

Estas particularidades permiten diferenciarla de la Enfermedad de Crohn, otra forma de enfermedad inflamatoria intestinal con la que a veces puede confundirse. Hay casos en los que predominan rasgos mixtos y no es posible clasificar la enfermedad como colitis ulcerosa o Crohn; en estas situaciones se utiliza el término colitis indeterminada.

La inflamación no siempre afecta a todo el colon. Según la extensión, se distinguen varios subtipos:

  • Proctitis (30–40%): inflamación limitada al recto. Cuando incluye también el sigma, se denomina proctosigmoiditis.

  • Colitis izquierda (30–40%): llega hasta el ángulo esplénico.

  • Pancolitis o colitis extensa (20%): se extiende más allá del ángulo esplénico. En revisiones recientes se ha eliminado el antiguo término “colitis subtotal”.


Conocer la extensión es fundamental porque condiciona el tipo de tratamiento a emplear, ya que existen fármacos con diferentes vías de administración (oral o rectal) y efectos dirigidos a regiones concretas del intestino.

El curso de la enfermedad suele ser variable, alternando brotes de actividad con periodos de remisión. La frecuencia, duración y gravedad de estos brotes es imprevisible, pudiendo variar mucho entre pacientes e incluso en la misma persona a lo largo del tiempo. Por eso es importante no alarmarse por casos especialmente graves, ya que no necesariamente representan lo que ocurrirá en cada paciente.

Causas de la colitis ulcerosa

Es importante destacar que la colitis ulcerosa no es una enfermedad contagiosa ni está causada por una infección, y que no se debe a errores personales en la dieta o el estilo de vida.

Existen otros procesos que provocan inflamación y úlceras en la mucosa intestinal y en los que sí se identifica una causa concreta, como ocurre en las colitis infecciosas, las colitis isquémicas (por falta de riego sanguíneo) o las colitis secundarias a medicamentos o radioterapia (colitis actínica).

La hipótesis más aceptada apunta a un origen multifactorial, donde intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales. En personas genéticamente predispuestas existiría una alteración en la regulación de la respuesta inmune frente a la microbiota intestinal y frente a otros antígenos presentes en el interior del intestino, dando lugar a una inflamación persistente.

Síntomas de la colitis ulcerosa

Los síntomas de la colitis ulcerosa pueden dividirse en intestinales y extraintestinales.

Intestinales

Dado que la colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica localizada en el colon, las molestias principales derivan de esa inflamación. Lo habitual es que la enfermedad curse en brotes, alternando periodos de actividad con fases de pocos síntomas o incluso ausencia de ellos.

El síntoma más característico es la sangre en las heces, presente en alrededor de 9 de cada 10 pacientes. La intensidad de los síntomas depende tanto de la extensión como de la gravedad de la inflamación.

Es frecuente que aparezcan:

  • Diarrea o deposiciones poco formadas, con sangre y/o mucosidad.

  • Urgencia rectal, necesidad intensa de defecar con escasa capacidad de retener.

  • Tenesmo, sensación constante de querer evacuar sin alivio tras la deposición.

  • Expulsión de gases con moco y sangre, a veces sin apenas heces (“esputos rectales”).

  • Dolor abdominal, generalmente tipo retortijón.

¿Cuáles son los síntomas más comunes en un brote leve?

En un brote leve pueden observarse:

  • Sangrado rectal intermitente
  • Emisión de moco
  • Diarrea leve (menos de 4 deposiciones al día)
  • Dolor abdominal tipo cólico

¿Cuáles son los síntomas de un brote moderado o grave?

A los síntomas anteriores se pueden sumar:

  • Anemia
  • Dolor abdominal más intenso o incapacitante
  • Fiebre
  • Pérdida de peso

¿Qué síntomas extraintestinales produce?

En ocasiones, sobre todo en fases más agresivas de la enfermedad, pueden aparecer:

  • Fiebre, taquicardia, pérdida de peso, náuseas o vómitos
  • Dolor articular
  • Inflamación ocular (epiescleritis)
  • Lesiones cutáneas dolorosas en las piernas (eritema nodoso)

¿Siempre que tenga diarrea y/o sangre significa que tengo una colitis ulcerosa?

No. Tener diarrea, incluso con sangre, no implica necesariamente padecer colitis ulcerosa.

Existen muchas causas que pueden provocar síntomas similares, como:

  • Gastroenteritis infecciosas
  • Hemorroides
  • Pólipos en el colon
  • Enfermedad celíaca
  • Problemas endocrinos
  • Determinados medicamentos
  • Trastornos de malabsorción
  • Patología del páncreas

Además, episodios de dolor tipo retortijón con diarrea pueden deberse a un síndrome de intestino irritable o a una intolerancia a la lactosa.

Para identificar correctamente el origen de los síntomas, es fundamental que el paciente consulte con su médico.

Diagnóstico

En la colitis ulcerosa no existe un síntoma único ni una prueba específica que confirme por sí sola la enfermedad. Por eso, el diagnóstico se establece mediante la combinación de los síntomas, los hallazgos obtenidos en la colonoscopia con el resultado de las biopsias y hallazgos radiológicos.

Los síntomas más habituales son la diarrea con sangre, a menudo acompañada de mucosidad, y el dolor abdominal. En algunos casos puede presentarse fiebre, aunque ninguno de estos signos es exclusivo de la colitis ulcerosa.

Los análisis de sangre no diagnostican la enfermedad, pero sí ayudan a detectar complicaciones, como la anemia, y a valorar la actividad inflamatoria mediante los llamados reactantes de fase aguda (como la PCR). En las heces puede analizarse la calprotectina, una proteína producida por los glóbulos blancos cuyo aumento indica inflamación intestinal.

La colonoscopia es la prueba fundamental. Permite observar directamente la mucosa del colon y ayuda a definir la extensión de la enfermedad:

  • Colitis distal cuando afecta solo al recto.
  • Colitis izquierda si se extiende por el colon izquierdo.
  • Pancolitis cuando compromete todo el colon.


Durante la exploración se toman biopsias de las zonas inflamadas. En casos de inflamación muy severa, realizar una colonoscopia completa puede ser arriesgado, por lo que suele optarse por una rectosigmoidoscopia o colonoscopia izquierda para visualizar la zona afectada y obtener muestras.

El estudio histológico (el análisis microscópico de las biopsias) muestra alteraciones típicas de la colitis ulcerosa, aunque no son exclusivas, por lo que es esencial integrar la información clínica, analítica, endoscópica e histológica para llegar al diagnóstico adecuado.

Las pruebas radiológicas no reemplazan a la colonoscopia. Aun así, una radiografía simple de abdomen puede ser útil en situaciones graves, como cuando se sospecha un megacolon tóxico, ya que permite identificar una dilatación importante del colon.

Tratamiento para la colitis ulcerosa

En la actualidad no disponemos de un tratamiento que cure de forma definitiva la colitis ulcerosa, pero sí contamos con distintos fármacos y procedimientos capaces de controlar la enfermedad. El abanico de opciones terapéuticas ha ido creciendo con los años.

Entre los tratamientos utilizados se incluyen:

  • Salicilatos: sulfasalazina, mesalazina.
  • Antibióticos.
  • Corticoides:
    • De acción sistémica: hidrocortisona, prednisona, metilprednisolona, deflazacort y dexametasona.
    • De acción tópica: beclometasona dipropionato, budesonida.
  • Inmunomoduladores o inmunosupresores:
    • Tiopurínicos: azatioprina y mercaptopurina.
    • Metotrexato.
    • Calcineurínicos: ciclosporina y tacrolimus.
  • Pequeñas moléculas:
    • Inhibidores de la JAK-quinasa: tofacitinib.
  • Terapias biológicas:
    • Anti-TNF: infliximab, adalimumab y golimumab.
    • Anti-integrinas: vedolizumab.
    • Anti-interleucinas 12 y 23: ustekinumab.
    • Anti-IL-23 (p19): mirikizumab, risankizumab.
      • Pequeñas moléculas:
        • Inhibidores de la JAK-quinasa: tofacitinib, upadacitinib, filgotinib.
        • Moduladores del receptor S1P: ozanimod, etrasimod.
  • Granulocitoaferesis.
  • Tratamiento quirúrgico.

¿Qué son los salicilatos?

También se conocen como aminosalicilatos. Dentro de este grupo están la mesalazina (5-ASA) y la sulfasalazina. Son fármacos antiinflamatorios que actúan sobre la mucosa intestinal y suelen representar el primer escalón de tratamiento en brotes leves o moderados, además de utilizarse con frecuencia para el mantenimiento de la colitis ulcerosa.

Pueden administrarse por vía oral (comprimidos, cápsulas, granulados) o por vía rectal (supositorios, espumas, enemas). Las presentaciones rectales se emplean cuando la inflamación está limitada al colon izquierdo (colon descendente, sigma y recto). En algunos casos es necesario combinar ambas vías, oral y rectal.

Es importante no suspender el fármaco cuando el brote se controla, ya que se ha demostrado que reduce el riesgo de recaídas y podría ejercer un efecto protector frente al cáncer de colon.

¿Se pueden usar los antibióticos en el tratamiento de la colitis ulcerosa?

Los antibióticos se reservan para situaciones complicadas, como la presencia de fístulas, abscesos o la llamada reservoritis/cuffitis (inflamación del intestino remanente tras una cirugía con extirpación del colon).

Los más utilizados son metronidazol, ciprofloxacino y rifaximina, que pueden administrarse solos o en combinación.

¿Qué papel tienen los corticoides?

Los corticoides o glucocorticoides son potentes antiinflamatorios que resultan muy eficaces para controlar los brotes de actividad. Se pueden administrar por vía oral, intravenosa o rectal, durante varias semanas, reduciendo la dosis de forma progresiva hasta intentar suspenderlos.

Dentro de este grupo se distinguen:

  • Corticoides de acción sistémica: hidrocortisona, prednisona, metilprednisolona, deflazacort y dexametasona.
  • Corticoides de acción tópica: beclometasona dipropionato, budesonida.

Los fármacos de acción sistémica pueden producir efectos adversos como acné, aumento del vello corporal, aparición de estrías, nerviosismo, insomnio, diabetes, cataratas u osteoporosis. La mayoría de estos efectos remiten al suspender el tratamiento. Para prevenir la osteoporosis suele añadirse calcio y vitamina D desde el inicio.

Los corticoides de acción tópica, al tener menos absorción sistémica, presentan un perfil de efectos secundarios mucho menor.

Según la respuesta al tratamiento se distinguen:

  • Corticorresistencia: cuando, a pesar de administrar corticoides, no se consigue mejoría.
  • Corticodependencia: cuando inicialmente hay buena respuesta, pero los síntomas reaparecen al reducir o suspender el corticoide o poco tiempo después.

En estas situaciones se plantea pasar a otros tratamientos, como los inmunosupresores o las terapias biológicas.

¿Qué son los inmunosupresores?

Los inmunosupresores o inmunomoduladores son medicamentos que regulan el sistema inmunitario con el objetivo de lograr un control mantenido de la colitis ulcerosa. Se utilizan habitualmente como segundo escalón, cuando los corticoides no son eficaces (corticorresistencia) o no se pueden retirar sin que reaparezcan los síntomas (corticodependencia).

Los principales son:

  • Inmunomoduladores tiopurínicos: azatioprina y mercaptopurina: Son fármacos seguros, pero requieren controles analíticos periódicos para detectar de forma precoz posibles efectos no deseados, como anemia, leucopenia o alteraciones hepáticas (hepatitis medicamentosa). De forma más infrecuente pueden provocar pancreatitis aguda.
Su principal limitación es que el efecto no es inmediato: suelen necesitarse unas 12 semanas para apreciar el beneficio completo.
  • Ciclosporina (calcineurínico): Se administra de forma intravenosa en brotes graves sin respuesta a corticoides, en pacientes que no han recibido previamente azatioprina o mercaptopurina. Una vez controlado el brote agudo, se pasa a la vía oral, asociada a corticoides y tiopurínicos. Si la respuesta se mantiene, se retiran progresivamente ciclosporina y corticoides, continuando solo con azatioprina o mercaptopurina.
  • Tacrolimus (calcineurínico): Puede administrarse por vía oral o en forma de enemas. La evidencia disponible es todavía limitada, aunque apunta a resultados favorables; por ello se reserva para situaciones concretas.
  • Metotrexato: Los datos actuales indican que no tiene un papel claro en el manejo de la colitis ulcerosa.

¿Qué son las pequeñas moléculas?

En este grupo se incluye el tofacitinib, un inhibidor de las Janus quinasas (JAK), enzimas implicadas en la cascada inflamatoria y en la producción de distintas interleucinas (IL). El tofacitinib bloquea preferentemente JAK-1 y JAK-3, impidiendo la formación de IL-2, IL-4, IL-15 e IL-21 y dificultando la activación y diferenciación de linfocitos T responsables de la inflamación.

Tiene la ventaja de administrarse por vía oral, a dosis de 5–10 mg cada 12 horas, con un inicio de acción rápido. Se utiliza en brotes moderados-graves.

¿Qué son las terapias biológicas?

La introducción de los fármacos biológicos ha supuesto un cambio importante en el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal. Son medicamentos obtenidos mediante ingeniería genética a partir de cultivos celulares y actúan bloqueando de forma selectiva moléculas clave de la inflamación.

Su acción va dirigida a una diana específica dentro del sistema inmunitario. Aunque no curan la enfermedad, pueden conseguir la desaparición de los síntomas y la cicatrización de la mucosa intestinal.

Además de en EII, se emplean en otras enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide o la psoriasis.

¿De qué fármacos biológicos disponemos?

Para colitis ulcerosa están aprobados varios grupos según su mecanismo de acción:

  • Anti-TNF:
    • Infliximab
    • Adalimumab
    • Golimumab
  • Anti-integrinas:
    • Vedolizumab
  • Anti-interleucinas 12 y 23:
    • Ustekinumab

Fármacos biológicos de la familia anti-TNF

  • Infliximab: Es un anticuerpo dirigido contra el TNF-α. Se administra por vía intravenosa en el hospital, normalmente en unidades de hospital de día. El esquema habitual de inducción es en las semanas 0, 2 y 6, seguido de dosis de mantenimiento cada 8 semanas. Según la evolución se puede ajustar aumentando la dosis o acortando el intervalo entre infusiones. Se están desarrollando formulaciones subcutáneas con resultados prometedores.
  • Adalimumab: Tiene el mismo mecanismo de acción que infliximab, pero se administra por vía subcutánea mediante jeringas precargadas, que la propia persona puede aplicarse en casa. El esquema suele ser: 160 mg como dosis inicial, 80 mg a las 2 semanas y después 40 mg cada 2 semanas como mantenimiento. En caso necesario se puede incrementar la dosis o acortar el intervalo.
  • Golimumab
: Actúa de forma similar a los anteriores y también se administra por vía subcutánea con jeringas precargadas. El esquema de inducción habitual es 200 mg en la semana 0 y 100 mg en la semana 2. Para el mantenimiento, si el peso es menor de 80 kg se utilizan 50 mg cada 4 semanas y, si es mayor de 80 kg, 100 mg cada 4 semanas.

Los anti-TNF pueden emplearse en brotes moderados-graves, tanto como primera línea biológica como en personas que han perdido respuesta o presentado efectos adversos con otros biológicos.

Fármacos biológicos de la familia de las anti-integrinas

  • Vedolizumab: Es un anticuerpo monoclonal que bloquea la integrina α4β7 presente en ciertos linfocitos T. Se administra por vía intravenosa en el hospital: 300 mg en las semanas 0, 2 y 6 (inducción) y después 300 mg cada 8 semanas (mantenimiento).
    Su efecto puede tardar algo más en apreciarse que el de los anti-TNF, pero tiene un excelente perfil de seguridad, con muy bajo riesgo de infecciones oportunistas. Como contrapartida, es menos eficaz para controlar las manifestaciones extraintestinales. Se usa en brotes moderados-graves, tanto en pacientes naïve a biológicos como en quienes han perdido respuesta o han tenido reacciones adversas a otros fármacos.

Fármacos biológicos de la familia de las anti-interleukinas

  • Ustekinumab: Es un anticuerpo monoclonal frente a las interleucinas IL-12/23, que actúa bloqueando sus receptores en las células del sistema inmune. La dosis de inducción se administra por vía intravenosa, ajustada al peso (6 mg/kg), y posteriormente se continúa con 90 mg por vía subcutánea cada 8 semanas como mantenimiento.
    Presenta un muy buen perfil de seguridad y eficacia y, al igual que vedolizumab, puede utilizarse en brotes moderados-graves tanto en pacientes sin biológicos previos como en aquellos que han fracasado o no toleran otros.
  • Anti-IL-23 (p19): mirikizumab, risankizumab: Estos medicamentos son anticuerpos monoclonales, que bloquean la interleucina 23, una sustancia que participa en la inflamación del colon. Al hacerlo, ayudan a reducir la inflamación, favorecer la cicatrización de la mucosa intestinal y disminuir la frecuencia de los brotes. Se utilizan en personas con colitis ulcerosa moderada o grave, sobre todo cuando otros tratamientos no han sido eficaces. Se administran mediante inyecciones periódicas y, en general, tienen un buen perfil de seguridad, aunque requieren seguimiento médico.
  • Inhibidores de la JAK-quinasa: tofacitinib, upadacitinib, filgotinib: Estos medicamentos son fármacos orales de síntesis química, conocidos como pequeñas moléculas, que actúan dentro de las células del sistema inmunitario. Su función es bloquear ciertas señales que favorecen la inflamación en el intestino. Pueden producir una mejoría relativamente rápida de los síntomas y se emplean en colitis ulcerosa moderada o grave. Es necesario realizar controles médicos y análisis periódicos para garantizar su seguridad durante el tratamiento.
  • Moduladores del receptor S1P: ozanimod, etrasimod: Estos medicamentos son fármacos orales de acción selectiva que actúan regulando el movimiento de determinadas células del sistema inmunitario. En concreto, impiden que un exceso de estas células llegue al intestino y provoque inflamación. De esta manera, ayudan a controlar la enfermedad y a mantener la remisión. Se utilizan en pacientes con colitis ulcerosa moderada o grave y representan una opción terapéutica más reciente. Al inicio del tratamiento y durante el seguimiento se requieren controles médicos específicos para asegurar una buena tolerancia.

¿Dónde se usan los biológicos? ¿cuál sería el orden de uso?

Estos tratamientos suelen ser manejados por equipos expertos, en situaciones en las que la enfermedad no se controla con fármacos convencionales (aminosalicilatos, corticoides, inmunosupresores) o cuando el cuadro clínico es especialmente grave y requiere una intervención más intensa.

Los anti-TNF (infliximab, adalimumab y golimumab) continúan siendo ampliamente utilizados en colitis ulcerosa, en gran parte por la extensa experiencia clínica acumulada y la disponibilidad de biosimilares. No obstante, otras terapias avanzadas como vedolizumab y ustekinumab han consolidado su posición dentro de los algoritmos terapéuticos, especialmente en determinados perfiles de pacientes, por su eficacia y favorable perfil de seguridad. El papel de las pequeñas moléculas y de las terapias más recientes continúa ampliándose, dando lugar a estrategias cada vez más individualizadas.

Un avance importante ha sido el desarrollo de Unidades Monográficas de EII, donde los pacientes son valorados por profesionales especializados que individualizan el tratamiento según las características y necesidades de cada persona.

¿Qué es la granulocitoaferesis o aféresis linfocitaria?

La granulocitoaferesis (o aféresis linfocitaria) consiste en filtrar la sangre del paciente de forma similar a una “diálisis”, eliminando determinadas células del sistema inmune, granulocitos y monocitos, mediante un filtro de diacetato de celulosa.

Se ha empleado en distintas enfermedades. Además de en la EII, existe experiencia especialmente en artritis reumatoide.

En colitis ulcerosa puede considerarse en:

  • Pacientes corticodependientes en los que se inicia tratamiento con azatioprina: se utiliza como terapia puente mientras el inmunosupresor empieza a hacer efecto, o cuando hay intolerancia o falta de respuesta a azatioprina.
  • Población pediátrica.
  • Algunos casos corticorrefractarios (sin respuesta a corticoides) siempre que la situación clínica no sea tan grave como para requerir fármacos más agresivos.
  • Personas en las que están contraindicados corticoides, inmunosupresores o biológicos.

¿Qué papel tiene el tratamiento quirúrgico en la colitis ulcerosa?

La cirugía se plantea en dos contextos principales:

  • Cirugía programada, cuando han fracasado las opciones médicas o cuando en una colonoscopia de vigilancia aparecen lesiones tumorales o precancerosas (displasia) que no pueden tratarse endoscópicamente.
  • Cirugía urgente, necesaria en complicaciones graves como hemorragia masiva, megacolon tóxico sin respuesta al tratamiento, perforación de colon o algunos abscesos abdominales que no se controlan con antibióticos y drenaje percutáneo.

¿Qué tipo de cirugía se puede realizar?

Según la situación clínica, las características del paciente y la decisión consensuada con el equipo médico, pueden realizarse distintas intervenciones:

  • Colectomía o proctocolectomía total con ileostomía.
Se extirpa el colon y, en ocasiones, también el recto (proctocolectomía). Se exterioriza el íleon a la piel mediante un estoma por el que salen las heces, que se recogen en una bolsa adhesiva. Suele indicarse cuando no es posible realizar una anastomosis (unión) entre íleon y ano, por ejemplo, en casos de incontinencia anal o en algunas cirugías urgentes.
  • Proctocolectomía con anastomosis ileo-anal y reservorio
. Se resecan colon y recto enfermos, pero se conservan los esfínteres anales para mantener la continencia. Con el intestino delgado se construye un reservorio de íleon (una especie de bolsa interna) que se conecta al ano. En muchos casos se realiza de forma temporal una ileostomía de protección, que se cierra tras unos meses, una vez comprobado que el reservorio funciona correctamente.

El trasplante fecal, ¿es útil en la colitis ulcerosa?

El trasplante fecal consiste en administrar heces procedentes de un donante sano, sin colitis ulcerosa ni Enfermedad de Crohn, seleccionado mediante criterios muy estrictos. El material se puede introducir a través de una sonda nasoyeyunal o mediante colonoscopia.

La idea es que la flora intestinal del donante ayude a restablecer el equilibrio de la microbiota del paciente y así modifique la respuesta inmunitaria. Sin embargo, en la prática hay muchas incógnitas: en las heces hay multitud de bacterias, virus, material genético y sustancias químicas cuya interacción todavía no se conoce bien.

En este momento, la única patología en la que el trasplante fecal ha demostrado claramente su eficacia es la colitis por Clostridioides difficile. En la enfermedad

inflamatoria intestinal aún se necesitan muchos estudios para identificar qué componentes (bacterias concretas o metabolitos) son realmente útiles y en qué contextos podría aplicarse.

Por ello, el trasplante fecal en colitis ulcerosa se considera todavía una terapia experimental, limitada al ámbito de ensayos clínicos controlados.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la colitis ulcerosa?

 Es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a la mucosa del colon de forma continua, comenzando en el recto y extendiéndose hacia el resto del colon sin dejar zonas sanas. 

¿Cuáles son los síntomas de la colitis ulcerosa más frecuentes? 

Los síntomas de la colitis ulcerosa más habituales son diarrea con sangre, mucosidad, dolor abdominal, urgencia para defecar, tenesmo y sensación de evacuación incompleta. En algunos casos también puede haber fiebre.

¿Cómo se diagnostica? 

El diagnóstico se basa en la combinación de síntomas, colonoscopia con biopsias y otras pruebas como análisis de sangre y estudios radiológicos. 

¿Cuáles son las causas? 

La colitis ulcerativa no tiene una causa única conocida. Se considera una enfermedad de origen multifactorial en la que intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales, que provocan una respuesta inflamatoria persistente en el colon. 

¿Cuál es el tratamiento? 

No existe un tratamiento que la cure de forma definitiva, pero sí existen distintos fármacos y procedimientos para controlar la enfermedad, como salicilatos, antibióticos, corticoides, inmunosupresores, pequeñas moléculas, terapias biológicas, granulocitoaferesis y tratamiento quirúrgico. 

¿Cuál es la diferencia entre la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn? 

La colitis ulcerosa afecta de forma continua a la mucosa del colon, comenzando en el recto y extendiéndose sin dejar zonas sanas. En cambio, la enfermedad de Crohn puede afectar a cualquier parte del tubo digestivo y suele presentar áreas inflamadas alternadas con zonas sanas. 

Bibliografía

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  • F; Grupo Espanol de Trabajo de Enfermedad de Crohn; Colitis Ulcerosa o Spanish Group for Working on Crohn’s Disease and Ulcerative Colitis (GETECCU). GETECCU 2020 guidelines for the treatment of ulcerative colitis. Developed using the GRADE approach. Gastroenterol Hepatol. 2020 Aug;43 Suppl 1:1-57. English, Spanish. doi: 10.1016/j.gastrohep.2020.07.001.
  • Gomollon F, Hinojosa J, Gassull MA.(2020). Enfermedad Inflamatoria Intestinal (4a Edicion). Editorial Ergon.

Contenido actualizado en 2026 por:

Dra. Mileidis San Juan

Dra. Mileidis San Juan Acosta

Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife.

Contenido original por:

Dr. Francisco García Fernández

Dr. Francisco García Fernández

Hospital Virgen del Rocío, Sevilla.

Dr. José Miguel Rosales Zábal

Dr. José Miguel Rosales Zábal

Hospital Costa del Sol, Marbella.

Dra. Susana Jiménez Contreras

Dra. Susana Jiménez Contreras

Xanit Inter.Hospital, Benalmádena, Málaga.

Dr. Antonio M. Moreno García

Dr. Antonio M. Moreno García

Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz.

Zahira Pérez

Zahira Pérez Martínez

Enfermera de la Unidad de Crohn y Colitis Ulcerosa (UACC). Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

Elena Oller

Elena Oller

Enfermera de la Unidad de Crohn y Colitis Ulcerosa (UACC). Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

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