¿Qué es la cirrosis?

La cirrosis es la consecuencia final de distintas enfermedades del hígado tras muchos años de evolución. A lo largo del tiempo, las células hepáticas se destruyen y son sustituidas por tejido cicatricial (fibrosis), lo que altera tanto la estructura como la función del hígado.

Las causas más frecuentes son el consumo excesivo de alcohol (40 %), la hepatitis crónica por virus de la hepatitits C (40 %) y otras enfermedades hepáticas (20 %), si bien los nuevos tratamientos de la hepatitis C y la epidemia de obesidad están modificando estas tendencias con un claro auge del hígado graso de origen metabólico (MASLD por sus siglas en inglés).

Es fundamental detectar de forma precoz una enfermedad hepática crónica o una cirrosis en fases iniciales, ya que un tratamiento adecuado puede frenar o incluso detener su progresión.

En la cirrosis se desarrollan dos problemas principales: insuficiencia hepática e hipertensión portal.

  • La insuficiencia hepática implica que el hígado no puede cumplir correctamente funciones esenciales como la producción de proteínas y factores de coagulación, la eliminación de sustancias tóxicas o la regulación del estado nutricional.
  • La hipertensión portal se define como el aumento de la presión en el sistema venoso que transporta la sangre desde los órganos abdominales hasta el corazón pasando por el hígado. Esto provoca que la sangre que debería atravesar el hígado busque rutas alternativas para volver al corazón. Esto puede dar lugar a la aparición de varices (venas dilatadas) en el esófago y el estómago, que pueden romperse y causar hemorragias graves. Además, al no circular adecuadamente por el hígado, la sangre se depura de forma insuficiente, lo que puede llevar a la acumulación de toxinas en el cerebro, ocasionando síntomas de confusión.

Etapas de la cirrosis

La cirrosis puede dividirse en dos fases:

  • Cirrosis compensada (fase inicial)
  • Cirrosis descompensada (fase avanzada)

Se considera la cirrosis compensada cuando no existen complicaciones como ictericia (tinte amarillento de la piel y las conjuntivas oculares), ascitis (acumulación de líquido en el abdomen), encefalopatía (confusión derivada de la acumulación de toxinas en el cerebro) ni hemorragias digestivas secundarias a la ruptura de varices esofagogástricas.

En esta etapa inicial, la esperanza de vida no necesariamente está reducida y muchas personas pueden mantener una vida prácticamente normal. El objetivo principal en esta fase es evitar que la enfermedad progrese, eliminando la causa siempre que sea posible. Cuando no puede eliminarse, existen medidas dirigidas a prevenir complicaciones.

Si la enfermedad avanza, apareciendo alguna de las complicaciones mencionadas más arriba, que marcan el inicio de la fase descompensada, o aparece un hepatocarcinoma (cáncer de hígado), debe valorarse la opción del trasplante hepático. Este procedimiento debe indicarse en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde.

Por todo ello, es imprescindible un control médico periódico, al menos dos veces al año. Es muy importante comunicar rápidamente cualquier síntoma nuevo o cambio observado por familiares. También es fundamental seguir estrictamente las indicaciones médicas y consultar cualquier duda sobre el tratamiento, la alimentación, el estilo de vida o actividades como la conducción.

Todos los profesionales sanitarios que atiendan al paciente deben saber que padece cirrosis.

Síntomas

En fases iniciales, muchas personas no presentan síntomas y pueden llevar una vida normal. De hecho, muchas desconocen que tienen cirrosis. En ciertos casos, eliminar la causa (como el alcohol o las hepatitis virales) puede frenar la progresión y permitir una supervivencia normal.

No obstante, pueden aparecer manifestaciones como:

  • Falta de apetito
  • Malestar general
  • Cansancio
  • Disminución del rendimiento laboral
  • Pérdida de masa muscular
  • Tensión arterial baja
  • Aparición de pequeñas manchas rojizas en la piel (arañas vasculares)
  • Aparición fácil de hematomas
  • Sangrado de encías
  • Disminución del deseo o la potencia sexual

También puede existir una alteración leve de la función cerebral (encefalopatía subclínica), que reduce el rendimiento intelectual y aumenta el riesgo de accidentes, por ejemplo, al conducir.

En algunos pacientes, la enfermedad puede debutar directamente con una complicación grave que ponga en riesgo la vida. En otros casos, progresa hacia la fase avanzada, donde la calidad de vida empeora y la mortalidad aumenta.

En la cirrosis descompensada pueden aparecer:

  • Ascitis (acumulación de líquido abdominal).
  • Edemas en piernas y tobillos (acumulación de líquido en las extremidades inferiores).
  • Hemorragias digestivas secundarias a la ruptura de varices esofagogástricas.
  • Alteraciones neurológicas más evidentes (desorientación, cambios de conducta, somnolencia o incluso coma), conocidas como encefalopatía hepática.

Además, desde fases tempranas, la cirrosis aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de hígado. Por ello, los controles periódicos son esenciales, ya que un diagnóstico precoz permite tratamientos curativos.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la combinación de datos clínicos, análisis de sangre y pruebas de imagen. En algunos casos puede ser necesaria una biopsia hepática, decisión que corresponde al médico.

La cirrosis puede detectarse de distintas maneras:

  • De forma incidental, tras una alteración en análisis o pruebas de imagen realizadas por otro motivo.
  • Durante el estudio de una enfermedad hepática hereditaria (como la hemocromatosis).
  • En el seguimiento de enfermedades hepáticas conocidas (por ejemplo, hepatitis C crónica).
  • Tras la aparición de complicaciones (acumulación de líquido, hemorragia, encefalopatía).

Tratamiento

En cuanto a los hábitos de vida, se recomienda realizar ejercicio físico suave de forma diaria, mantener horarios regulares y asegurar un descanso nocturno adecuado.

La alimentación debe repartirse en cinco comidas al día y ser baja en sal. En fases avanzadas de la enfermedad, se debe insistir en el consumo proteico y en un pequeño refrigerio justo antes de dormir. No obstante, la dieta debe adaptarse a cada paciente y siempre debe ser indicada por el médico.

Es imprescindible no consumir alcohol, independientemente de cuál haya sido la causa de la cirrosis, ya que el alcohol, en cualquier cantidad, acelera la progresión de la enfermedad hepática

El tratamiento farmacológico puede dividirse en dos grandes grupos:

  • Tratamientos dirigidos a eliminar la causa y evitar la progresión de la enfermedad hepática (por ejemplo, antivirales frente a hepatitis B o C, o abandono del alcohol).
  • Tratamientos destinados a prevenir o tratar complicaciones, como:
    • Diuréticos para controlar ascitis y edemas.
    • Lactulosa o lactitol para prevenir la encefalopatía.
    • Betabloqueantes para disminuir el riesgo de hemorragia por varices esofágicas.

La norma fundamental es tomar únicamente los medicamentos prescritos por el médico. Así mismo, se deben evitar los suplementos nutricionales o los productos de herbolario que no hayan sido recomendados por un médico.

En fases avanzadas, el tratamiento definitivo es el trasplante hepático, que ofrece excelentes resultados. Para que sea eficaz, debe indicarse en el momento adecuado, antes de que el paciente alcance una situación crítica. Por ello, el seguimiento médico periódico (al menos dos veces al año) es esencial.

Contenido revisado en 2026 por:

Marta-Tejedor

Dra. Marta Tejedor Bravo

Unidad de Hepatología y Trasplante de Hígado. Profesora asociada. Univ. de Iowa

Contenido original por:

FEAD - Fundación Española del Aparato Digestivo

Dr. Jorge Quiroga Vila

Unidad de Hepatología. Departamento de Medicina Interna. Clínica Univ. de Navarra. Pamplona

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