Preguntas frecuentes sobre la Hepatitis B
¿Qué es esta infección y qué órgano afecta?
Es una infección causada por un virus ADN que afecta directamente al hígado. Puede aparecer como un episodio agudo de duración limitada o mantenerse en el tiempo y convertirse en una infección crónica.
¿Cuándo se considera que la infección se ha vuelto crónica?
Se considera crónica cuando el virus permanece en el organismo durante más de seis meses después de la infección inicial.
¿De qué depende que evolucione hacia una enfermedad más grave?
La evolución depende principalmente de la actividad del virus, la inflamación mantenida del tejido hepático y el grado de daño existente en el momento del diagnóstico. Una mayor fibrosis o la presencia de cirrosis se relacionan con un peor pronóstico.
¿Qué significa ser portador crónico del virus?
Significa que el virus permanece en el organismo, pero sin signos claros de actividad inflamatoria. En estos casos, las transaminasas suelen ser normales y la cantidad de virus en sangre puede ser muy baja o no detectable.
¿Puede transmitirse aunque la enfermedad esté inactiva?
Sí. Aunque no haya actividad inflamatoria evidente, el virus puede transmitirse y, en determinadas situaciones de inmunodepresión, puede reactivarse.
¿Qué diferencia hay entre un portador inactivo y uno activo?
El portador inactivo presenta una carga viral baja y transaminasas normales. En el portador activo existe una carga viral detectable y las transaminasas pueden estar elevadas de forma persistente o intermitente.
¿Cuáles son los síntomas más habituales?
La forma crónica suele no producir síntomas durante años. En algunos casos puede aparecer cansancio y, de forma poco frecuente, reactivaciones con pérdida de apetito, malestar general e ictericia.
¿Puede aumentar el riesgo de cáncer de hígado?
Sí. La infección crónica, especialmente cuando existe cirrosis, aumenta el riesgo de desarrollar hepatocarcinoma. El riesgo es mayor en personas con determinados factores como edad avanzada, antecedentes familiares, cirrosis o algunos marcadores virales activos.
¿Cómo se diagnostica la infección crónica?
Se confirma cuando el antígeno de superficie del virus (HBsAg) permanece positivo en sangre durante más de seis meses. Después se determina la fase de la enfermedad mediante diferentes marcadores y análisis.
¿Qué pruebas se utilizan para valorar la actividad de la enfermedad?
Se estudian parámetros como la presencia del antígeno HBeAg, los niveles de ADN viral en sangre y las transaminasas, que ayudan a conocer si existe replicación activa del virus.
¿Todas las personas con infección crónica necesitan tratamiento?
No. Los portadores inactivos generalmente no requieren tratamiento. La decisión depende de factores como las transaminasas, la cantidad de ADN viral, el grado de fibrosis o cirrosis y las enfermedades asociadas.
¿Cuál es el objetivo del tratamiento antiviral?
El objetivo principal es reducir la replicación del virus para evitar la progresión hacia cirrosis y otras complicaciones.
¿Es necesario realizar controles aunque no se reciba tratamiento?
Sí. Se recomienda seguimiento especializado en todos los casos, con análisis periódicos y ecografías hepáticas para controlar la evolución.
¿Qué ocurre durante el embarazo si existe esta infección?
En general no se ha demostrado un aumento importante de abortos, malformaciones o muerte fetal. Sin embargo, puede existir riesgo de transmisión al recién nacido, especialmente durante el parto.
¿Cómo se puede prevenir la transmisión al bebé?
La medida más eficaz consiste en administrar al recién nacido inmunoglobulina específica junto con la primera dosis de la vacuna dentro de las primeras 12 horas de vida, lo que reduce de forma muy significativa el riesgo de infección.
¿El organismo puede eliminar el virus sin tratamiento?
Sí. En la mayoría de los casos, alrededor del 90%, el organismo elimina el virus de forma espontánea durante la fase aguda. Solo en situaciones concretas puede ser necesario tratamiento antiviral específico.