Colitis Ulcerosa: Hábitos Saludables

Colitis Ulcerosa: Hábitos saludables

Introducción 

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye la Colitis Ulcerosa y la Enfermedad de Crohn, es una patología crónica que requiere un abordaje global. Además del tratamiento médico pautado, ayuda mucho incorporar hábitos de vida saludables que cuiden distintos ámbitos del bienestar. En este documento se repasan varios pilares clave para vivir mejor con EII: la importancia de una buena higiene del sueño, el papel de la actividad física realizada de forma regular, el cuidado de la salud emocional, la necesidad de evitar hábitos tóxicos, el mantenimiento de una vida sexual satisfactoria, la protección de la piel frente al sol, el refuerzo de la salud ósea y algunos puntos prácticos a tener en cuenta al planificar viajes.  

Incorporar hábitos saludables en el día a día puede mejorar la calidad de vida, reforzar la salud general y ayudarte a convivir mejor con la EII. Ten en cuenta que no hay dos personas iguales: lo ideal es ajustar estas recomendaciones a tus necesidades y a tu momento clínico. Contar con orientación personalizada facilita diseñar una estrategia integral para convivir con la EII de la mejor manera posible.  

Higiene del sueño 

Dormir bien por la noche es básico para mantener un buen estado de salud y para mejorar la calidad de vida en personas con EII. Los problemas de sueño son relativamente frecuentes, sobre todo durante los periodos de brote.  

Recomendaciones para favorecer una buena higiene del sueño:  

  • Mantén horarios estables: intenta acostarte y levantarte a horas similares cada día, también en fines de semana.  
  • Prepara un entorno adecuado: procura que el dormitorio sea silencioso, oscuro y fresco. Puedes usar cortinas opacas, bajar la intensidad de la luz y reducir ruidos. Además, conviene apagar pantallas y dispositivos electrónicos al menos 90 minutos antes de irte a dormir.  
  • Reserva la cama para dormir y para las relaciones sexuales: evita trabajar, ver la tele o usar el móvil en la cama. La idea es que tu cerebro asocie ese espacio con descanso y relajación.  
  • Evita estimulantes y cenas copiosas: reduce especialmente la cafeína, los alimentos muy azucarados, el chocolate y las comidas abundantes antes de acostarte. También es recomendable no fumar ni beber alcohol en las horas previas al sueño.  
  • Introduce rutinas de relajación: ejercicios de respiración, meditación o estiramientos suaves pueden ayudarte a “bajar revoluciones” antes de dormir.  
  • No hagas ejercicio intenso al final del día: evita la actividad física de alta intensidad al menos idealmente 60-90 minutos antes de acostarte, porque puede activar el organismo y dificultar conciliar el sueño.  
  • Respeta tus necesidades de descanso: cada persona necesita un número de horas diferente. Identifica cuántas horas te van bien y ajusta tu rutina para despertarte con sensación de descanso.  
  • Si tomas corticoides: recuerda que es mejor tomarlos por la mañana, preferiblemente con el desayuno, porque pueden ser estimulantes y empeorar el sueño si se toman cerca de la noche.  

Aplicar estas pautas puede mejorar tu descanso nocturno, facilitar un sueño más reparador y ayudarte a empezar el día con más energía. Prioriza el sueño: es una pieza clave de tu bienestar.  

Actividad física  

El ejercicio tiene un papel importante en el manejo de la EII. Aunque a veces parezca lo contrario, mantener actividad física de forma regular puede contribuir a reducir la inflamación, mejorar la función intestinal y aliviar parte de los síntomas.  

Recomendaciones para incluir actividad física en tu rutina:  

  • Antes de empezar un plan de ejercicio: consulta con el equipo sanitario o con profesionales del ejercicio para valorar tu situación y ajustar tipo e intensidad. Evita entrenamientos de alta intensidad si pueden perjudicarte y reduce el ejercicio si estás en brote.  
  • Si llevas tiempo sin hacer deporte: empieza poco a poco. Sube duración e intensidad de manera progresiva para evitar lesiones y dar tiempo a que el cuerpo se adapte. Puedes arrancar con sesiones de 10 minutos e ir aumentando hasta alcanzar los 150 minutos/semana de actividad aeróbica moderada o 70 minutos/semana (como objetivo orientativo) de actividad intensa recomendados por la Organización Mundial de la Salud.  
  • Elige algo que disfrutes: caminar, nadar, bici, yoga… lo que te encaje. Si te gusta, será más fácil mantenerlo en el tiempo. Aunque tu peso sea adecuado, recuerda incluir ejercicios de fuerza para favorecer la masa muscular.  
  • Cambia y combina: alterna distintos tipos de ejercicio para trabajar varios grupos musculares y mantener la motivación. Hacer actividad 2–3 veces por semana ayuda a tonificar grandes grupos musculares y a prevenir lesiones por sobrecarga.  
  • Estira antes y después: los estiramientos previos preparan músculos y articulaciones; los posteriores ayudan a reducir tensión muscular y a bajar pulsaciones de forma gradual.  
  • Escucha a tu cuerpo: si notas dolor, fatiga o malestar, baja el ritmo o descansa. No fuerces más allá de tus límites. Conforme ganes resistencia, podrás aumentar poco a poco.  
  • Ten en cuenta tus circunstancias: diarrea, dolor abdominal, incontinencia, cansancio o manifestaciones extraintestinales (dolor articular, lesiones cutáneas, visión borrosa…) pueden requerir ajustes. Si llevas una ostomía, puedes usar una faja abdominal al hacer ejercicio.  

Introducir actividad física de forma segura y constante te permite aprovechar sus beneficios. Con el tiempo, el movimiento puede convertirse en un aliado muy potente para sentirte mejor.

Cuidado de la salud emocional   

La salud emocional es una parte esencial en la EII. Los brotes y el carácter crónico de la enfermedad pueden generar estrés, preocupación o ansiedad. Disponer de una red de apoyo (familia, amistades o grupos de pacientes) puede marcar una gran diferencia. También puede ser útil hablar con un terapeuta con experiencia para trabajar estrategias de afrontamiento.  

Recomendaciones para cuidar tu salud emocional:  

  • Aprende a gestionar lo que sientes: intenta identificar la emoción y su origen. Una vez localizada, exprésala de manera adecuada (hablando o escribiendo). Puede ayudar hablar desde el “yo”, describiendo lo que sientes sin acusar, y formulando preguntas. Ordena tus preocupaciones para abordarlas una a una. Trabaja también la aceptación y el “dejar ir”: reprimir o vivir una emoción con demasiada intensidad puede acabar afectando a tu salud mental.  
  • Entrena herramientas frente al estrés: el estrés puede desencadenar o empeorar síntomas. Practica técnicas como meditación, respiración profunda o yoga. También ayudan actividades que te aporten disfrute y desconexión (leer, escuchar música, hacer ejercicio, pasar tiempo con gente cercana). La terapia cognitivo-conductual puede ser útil para reducir ansiedad y mejorar bienestar emocional.  
  • Pon límites sanos: cuida el equilibrio entre obligaciones y descanso, y también en las relaciones con los demás. Reserva un espacio que sea para ti y para recargar energía.  
  • Si te sientes desbordado: cuando el impacto emocional sea intenso, cambia el foco con actividades agradables, céntrate en el presente y evita anticipar escenarios a largo plazo. Pregúntate cómo ayudarías a alguien cercano en tu situación. Intenta relativizar comparando con la realidad objetiva y enumera aspectos positivos del día a día. Si esta situación se mantiene y afecta a tu vida familiar, social o laboral, o aparecen signos de ansiedad o depresión, busca ayuda profesional.  

Identifica lo que sientes, aprende herramientas para el estrés y pide apoyo cuando lo necesites. Cuidar tu salud emocional también es cuidar tu EII.  

Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.  

Evitar hábitos tóxicos    

El tabaco, el alcohol y otras drogas pueden empeorar los síntomas y la evolución de la EII. Evitarlos es una medida importante para proteger tu salud y facilitar un mejor control de la enfermedad.  

Recomendaciones para dejar o evitar hábitos tóxicos:  

  • Entiende por qué te perjudican: comprender cómo influyen en tus síntomas y en tu salud general puede ayudarte a mantener la motivación.  
  • Tabaco: la dependencia puede provocar nerviosismo, irritabilidad, dificultades de concentración, somnolencia, molestias digestivas y aumento del apetito; estos síntomas suelen durar unos días y van disminuyendo. La parte psicológica (rutina, vínculo emocional con el cigarrillo, momentos sociales, evitar soledad, asociaciones con sabores) puede tardar más en desaparecer.  
  • Alcohol: puede empeorar la EII. A corto plazo puede alterar el estado físico y mental, aumentar la permeabilidad intestinal y favorecer deposiciones más diarreicas. A largo plazo se asocia a enfermedad hepática, cirrosis y mayor riesgo de distintos tipos de cáncer. Recuerda que existen límites de consumo según el sexo. 
  • Otras drogas: conviene preguntar y conocer su uso, aunque sea ocasional, y sus riesgos. A menudo se consumen en grupo y en contextos festivos. Sustancias como cannabis, cocaína, MDMA o ketamina pueden dejar efectos residuales como problemas de sueño, irritabilidad, cambios de humor, paranoia o desconexión de la realidad.  
  • Detecta desencadenantes y ponte una fecha: define un día para dejarlo y anúncialo a tu entorno. Identifica situaciones o emociones que te empujan a consumir y sustitúyelas por alternativas (hablar con alguien de confianza, técnicas de relajación, actividades agradables).  
  • Apóyate en lo social: rodéate de personas que te lo pongan fácil. Los grupos de apoyo pueden ayudarte con ideas prácticas y motivación.  
  • Sustituye por hábitos saludables: ejercicio regular, dieta equilibrada y buen descanso ayudan a manejar el estrés y mejoran el bienestar general.  
  • Cuenta con el sistema sanitario: si necesitas un empujón extra, pide ayuda. El equipo sanitario puede orientarte y derivarte a recursos específicos. Pregunta también por centros integrales de atención a las adicciones disponibles en tu área.  

Dejar estos hábitos puede costar, pero con apoyo y un plan realista es posible. Tu salud lo nota.  

Salud sexual

La salud sexual es importante para todo el mundo, independientemente de la orientación sexual o la identidad de género. Tu bienestar sexual también es un derecho. La EII puede plantear retos, pero es posible mantener una vida sexual satisfactoria.  

Recomendaciones para una sexualidad saludable:  

  • Después de una cirugía abdominal: la comunicación clara con tu pareja y el apoyo mutuo ayudan a reforzar el vínculo y a normalizar cambios corporales. Hablar de deseos y límites favorece una experiencia más cómoda y placentera.  
  • Si llevas una ostomía: la ostomía no afecta a zonas erógenas (espalda, cuello, pezones, muslos…). Tu pareja se siente atraída por ti en conjunto, no solo por la ostomía. Explorar el cuerpo con caricias puede reforzar intimidad y placer. Puedes probar escenarios y posturas nuevas, por ejemplo relaciones en el agua o posiciones en las que quedes tumbado del lado de la ostomía.  
  • Si tienes lesiones perianales: con fístulas, abscesos o fisuras, es mejor esperar a que la zona esté completamente recuperada antes de retomar la penetración, especialmente en el coito anal receptivo, para evitar complicaciones.  
  • Si practicas penetración anal receptiva: valora tu situación (brote activo, reservorio/pouch) para explorar alternativas seguras. Si se realiza, conviene hacerlo con delicadeza, progresión, lubricación adecuada y escuchando el cuerpo.  
  • Juguetes sexuales y lubricantes: pueden aportar variedad. El sexo no debería doler; si hay dolor, hay que buscar la causa. En algunos casos se pueden usar geles anestésicos, pero conviene consultarlo con el equipo sanitario.  
  • Protección: usa métodos barrera en coito vaginal, anal y oral, incluyendo el anal receptivo. Con preservativos o materiales de látex, utiliza lubricantes de silicona o agua (no aceite), porque el aceite puede romperlos y también dañar juguetes de látex.  

La EII no tiene por qué impedir una vida sexual plena. Explora opciones seguras y quédate con lo que te haga sentir bien. 

Cuidado de la piel 

En la EII conviene prestar especial atención a la piel, ya que puede verse afectada por la inflamación y por manifestaciones asociadas. Además de medidas generales, es importante cuidar adecuadamente lesiones específicas cuando aparezcan.  

Recomendaciones para el cuidado de la piel:  

  • Higiene suave: limpia la piel con agua templada y jabones naturales o de pH neutro. Evita productos agresivos. Seca con cuidado, sobre todo en zonas húmedas, sin frotar en exceso. Si hay lesiones perianales, mantener la zona limpia y seca facilita cicatrización y reduce irritación; sigue las indicaciones del equipo sanitario.  
  • Hidratación: usa cremas adecuadas para tu tipo de piel y evita fragancias o ingredientes irritantes. Hidratar de forma regular previene sequedad y descamación. 
  • Protección solar: evita exposiciones prolongadas y las horas de máxima radiación (aprox. 10–16 h). Incorpora protector solar FPS 50 en tu rutina, también en días nublados. Revisa caducidad y recuerda que, una vez abiertos, estos productos pierden propiedades: evita guardar envases abiertos de un año para otro. Busca sombra y usa sombreros de ala ancha. Si estás con inmunomoduladores o biológicos, puedes tener más fotosensibilidad: sé especialmente constante. Evita cabinas UVA y tratamientos láser por el riesgo de quemaduras e irritación.  
  • Si tienes ostomía y vas a la playa: mantén limpia y seca la piel alrededor del estoma. Valora bolsa resistente al agua o funda protectora antes de bañarte. Consulta con la enfermera de ostomías para recomendaciones concretas. 

Con estos cuidados, proteges la piel y reduces riesgos asociados al sol. Tu piel también forma parte del tratamiento.  

Salud ósea  

La EII puede influir en la salud ósea por la inflamación crónica, la mala absorción de nutrientes, el uso prolongado de ciertos fármacos o el inicio de la enfermedad en edades tempranas. Todo esto puede aumentar el riesgo de pérdida de masa ósea, osteoporosis y fracturas.  

Recomendaciones para cuidar los huesos:  

  • Asegura el aporte de calcio: revisa tu dieta e incluye alimentos ricos o enriquecidos en calcio. Valora con el equipo sanitario si necesitas suplementos. 
  • No descuides la vitamina D: es clave para absorber el calcio. Se obtiene con exposición solar controlada y ciertos alimentos. Si los niveles son bajos, puede ser necesario suplementar bajo indicación médica.  
  • Ejercicio para el hueso: el movimiento regular ayuda a fortalecer el esqueleto. Caminar, correr, fuerza o yoga pueden beneficiar. Evitar el sedentarismo es fundamental. Se recomiendan ejercicios que aumenten tono muscular y actividades de bajo impacto (como caminar), que estimulan el metabolismo óseo y ayudan a frenar la pérdida de masa ósea.  
  • Cuida la postura: evita giros bruscos, encorvarte o cargar peso mal. Para levantar peso, flexiona rodillas y mantén la espalda recta. Ajusta silla y mesa para favorecer una postura alineada en trabajo/estudio.  
  • Evita tabaco y alcohol en exceso: pueden interferir en la absorción de calcio y debilitar el hueso, aumentando el riesgo de osteoporosis (ver apartado “Evitar hábitos tóxicos”).  
  • Controles periódicos: monitoriza la densidad ósea y detecta problemas pronto con analíticas o densitometría. Define con tu equipo la frecuencia adecuada. 

La salud ósea es una inversión a largo plazo. Cuanto antes la cuides, mejor.  

Planificación de viajes

Viajar con EII exige algo más de previsión, pero no debería impedirte disfrutar. Con buena organización, puedes viajar de forma segura y vivir experiencias muy positivas. También puedes consultar recursos como “www.crohnscolitisfoundation.org”, con información útil para personas con EII.  

Recomendaciones para preparar un viaje:  

  • Organiza con tiempo: lleva medicación suficiente por si hay retrasos o imprevistos. Es útil portar un informe médico en un idioma adecuado al destino. Transporta los fármacos en su envase original y con receta. Define un plan de actuación ante una urgencia relacionada con la EII y compártelo con quien viaje contigo.  
  • Revisa vacunas: las vacunas inactivadas suelen ser seguras en EII. Si estás con inmunosupresores, las vacunas de virus vivos o atenuados (como fiebre amarilla o polio oral) están contraindicadas. Algunas vacunas requieren tiempo, así que pide cita en un centro de vacunación internacional con antelación. Consulta siempre con tu unidad antes de viajar. 
  • Infórmate sobre asistencia sanitaria en destino: localiza hospitales, clínicas y recursos por si necesitas atención. La plataforma IBD Passport (“www.ibdpassport.com”) ofrece información de hospitales, farmacias y traducciones médicas, útil para viajar con más tranquilidad.  
  • Elige un seguro adecuado: busca uno que cubra enfermedades preexistentes y contemple gastos médicos, farmacéuticos y hospitalarios. Revisa bien condiciones y límites. 
  • Piensa en la alimentación: investiga opciones para mantener tu pauta dietética (baja en fibra u otras necesidades). Lleva algunos alimentos “seguros” y fáciles de transportar (barritas, conservas, frutos secos, galletas) por si lo necesitas.  
  • Hidratación y prevención de infecciones: mantente bien hidratado, especialmente si tienes tendencia a diarrea. Bebe agua embotellada y lávate las manos con frecuencia, sobre todo antes de comer. Si no hay acceso fiable a agua, valora potabilizadores. Incluso para lavarte los dientes, usa agua potable.  

La EII no tiene por qué frenar tus planes. Viaja con cabeza, cuida los detalles y disfruta.  

En resumen, con información, apoyo y pequeños cambios y hábitos saludables sostenidos en el tiempo, es posible convivir con la EII con mayor bienestar y calidad de vida, compatibles con proyectos y una vida plena.  

 

Contenido actualizado en 2026 por:

Dra. Mileidis San Juan

Dra. Mileidis San Juan Acosta

Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife.

Contenido original por:

Dr. Francisco García Fernández

Dr. Francisco García Fernández

Hospital Virgen del Rocío, Sevilla.

Dr. José Miguel Rosales Zábal

Dr. José Miguel Rosales Zábal

Hospital Costa del Sol, Marbella.

Dra. Susana Jiménez Contreras

Dra. Susana Jiménez Contreras

Xanit Inter.Hospital, Benalmádena, Málaga.

Dr. Antonio M. Moreno García

Dr. Antonio M. Moreno García

Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz.

Zahira Pérez

Zahira Pérez Martínez

Enfermera de la Unidad de Crohn y Colitis Ulcerosa (UACC). Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

Elena Oller

Elena Oller

Enfermera de la Unidad de Crohn y Colitis Ulcerosa (UACC). Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

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