La hepatitis B es una infección causada por un virus ADN que afecta directamente al hígado. Puede presentarse como un cuadro agudo de duración limitada o mantenerse en el tiempo y convertirse en hepatitis B crónica.
A nivel mundial se calcula que cientos de millones de personas están infectadas, con mayor concentración en Asia y la región del Pacífico Occidental. Tras la infección inicial, la mayoría logra eliminar el virus gracias a la respuesta del sistema inmunitario. Sin embargo, un pequeño porcentaje desarrolla infección crónica y, dentro de este grupo, una parte puede evolucionar con los años hacia cirrosis hepática.
¿De qué depende la evolución a hepatitis crónica y/o cirrosis hepática?
Si el virus permanece en el organismo más de seis meses tras la infección inicial, se considera hepatitis crónica B.
La progresión depende principalmente de:
- La replicación activa y mantenida del virus.
- La inflamación prolongada del tejido hepático.
- El grado de daño hepático existente en el momento del diagnóstico.
Cuanto mayor sea la afectación del hígado (fibrosis avanzada o cirrosis), peor será el pronóstico a largo plazo.
¿Qué significa el estado de portador crónico de VHB?
El portador crónico es una persona en la que el virus permanece en el organismo, pero sin signos claros de actividad inflamatoria.
En estos casos:
- Las transaminasas suelen estar dentro de la normalidad.
- La cantidad de virus en sangre puede ser muy baja o indetectable.
Aunque la enfermedad esté inactiva, el virus puede transmitirse y, en determinadas circunstancias —como situaciones de inmunodepresión (VIH, tratamientos con corticoides, quimioterapia u otros fármacos inmunosupresores)— puede reactivarse.
Existen dos situaciones diferenciadas:
- Portador inactivo: carga viral baja y transaminasas normales.
- Portador activo: carga viral detectable y transaminasas elevadas de forma persistente o intermitente

