Cáncer de páncreas

Cáncer de páncreas

¿Qué es el cáncer de páncreas?

El cáncer de páncreas, también conocido como adenocarcinoma pancreático, es en España la tercera causa de muerte relacionada con el cáncer. El número de nuevos casos diagnosticados cada año aumenta a partir de la cuarta década de la vida y su aparición es más frecuente en hombres.

La insuficiencia pancreática exocrina (IPE) es una de las principales complicaciones asociadas a las enfermedades del páncreas. Se produce cuando este órgano no es capaz de fabricar la cantidad suficiente de enzimas, que son proteínas esenciales para realizar una correcta digestión de los alimentos.

Además de la información incluida en esta página, te animamos a consultar el material disponible en las campañas de concienciación y sensibilización sobre el cáncer de páncreas.

A continuación, se presenta información relevante sobre los síntomas, el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de estas patologías.

Concepto

Cuando se habla de cáncer de páncreas, habitualmente se hace referencia al tipo más común de tumor maligno pancreático: el adenocarcinoma, que representa aproximadamente entre el 80 % y el 90 % de los casos. No obstante, existen otros tipos de tumores malignos del páncreas, entre los que se incluyen:

  • Tumores quísticos pancreáticos malignos, con diferentes variantes:
    • Cistoadenocarcinoma mucinoso
    • Cistoadenocarcinoma seroso
  • Carcinoma pseudopapilar sólido
  • Carcinoma neuroendocrino
  • Metástasis pancreáticas procedentes de otros cánceres, como los de mama, pulmón o los melanomas
  • Otros tumores menos frecuentes, como linfomas o sarcomas, entre otros

El cáncer de páncreas, y en particular el adenocarcinoma pancreático, es la tercera causa de muerte por cáncer en España. El número de nuevos diagnósticos aumenta a partir de la cuarta década de la vida y es más habitual en hombres. En el momento del diagnóstico, la enfermedad suele encontrarse en fases avanzadas, ya que los síntomas iniciales suelen ser poco claros o incluso inexistentes.

El adenocarcinoma de páncreas se origina por un crecimiento descontrolado de las células encargadas de producir las enzimas digestivas, que forman parte de la porción exocrina del páncreas. La localización más frecuente dentro de la glándula es la cabeza del páncreas, próxima a la vía biliar (colédoco). Esta situación suele provocar ictericia, que se manifiesta como una coloración amarillenta de la piel, y con el tiempo puede dar lugar a otros síntomas, como una digestión deficiente debido a la disminución en la producción de jugos pancreáticos. Como consecuencia, puede aparecer una insuficiencia pancreática exocrina y una desnutrición secundaria, al no poder el organismo digerir y absorber correctamente los nutrientes.

Causas

La causa exacta del cáncer de páncreas no se conoce. Sin embargo, se sabe que existen determinadas circunstancias que favorecen su aparición, conocidas como factores de riesgo. Es importante aclarar que presentar uno o varios de estos factores aumenta la probabilidad estadística de desarrollar la enfermedad, pero no implica que vaya a aparecer de forma inevitable. Del mismo modo, no tener ninguno de ellos no garantiza estar completamente libre de riesgo.

Los factores de riesgo pueden agruparse en dos grandes categorías:

  • Factores de riesgo modificables. Son aquellos sobre los que se puede actuar mediante cambios en el estilo de vida.
  • Factores de riesgo no modificables o intrínsecos. Son los que dependen de características biológicas propias y no pueden modificarse.

Factores de riesgo modificables

  • Tabaco: es uno de los principales factores de riesgo para el cáncer de páncreas. Las personas fumadoras tienen aproximadamente el doble de riesgo que las no fumadoras. Se estima que el tabaco está implicado en entre el 20 % y el 30 % de los casos. No existen formas seguras de consumo: fumar en pipa o masticar tabaco también conlleva riesgos. Además, el tabaquismo pasivo supone igualmente una exposición perjudicial. Su efecto cancerígeno puede ser directo o indirecto, al favorecer el desarrollo de pancreatitis crónica, una inflamación persistente del páncreas que puede aumentar el riesgo tumoral.
  • Obesidad y sobrepeso: ambas situaciones se asocian a un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad.
  • Exposición laboral a productos químicos: la exposición prolongada y sin medidas de protección adecuadas a sustancias como pesticidas, tintes, metales pesados o derivados del petróleo se ha relacionado con un mayor riesgo, especialmente en entornos laborales no controlados.
  • Dieta: una alimentación rica en grasas saturadas y carnes ahumadas o procesadas se ha señalado en distintos estudios como posible factor de riesgo. Por el contrario, el consumo elevado de frutas y verduras parece asociarse a un menor riesgo. Aunque estos datos deben interpretarse con cautela, resulta incuestionable la importancia de seguir una dieta equilibrada y saludable, evitando el abuso de alimentos preparados o ultraprocesados.
  • Alcohol: su relación con el cáncer de páncreas no está claramente definida. Se ha implicado principalmente en personas con un consumo muy elevado, aunque los resultados no son concluyentes. En cualquier caso, el alcohol es un factor de riesgo bien establecido para la pancreatitis crónica.
  • Inactividad física: estudios observacionales han mostrado que las personas con baja actividad física presentan mayor riesgo que aquellas que realizan ejercicio de intensidad leve o moderada de forma habitual.

Factores de riesgo no modificables

  • Edad: el riesgo aumenta progresivamente con el envejecimiento. El incremento es más notable a partir de la cuarta década de la vida y se hace especialmente evidente desde los 60 años.
  • Sexo masculino: los hombres presentan un mayor riesgo que las mujeres, con una proporción aproximada de 3 a 1, aunque esta diferencia tiende a reducirse. El consumo histórico de tabaco, más frecuente en varones, podría explicar parte de esta diferencia.
  • Raza negra: se ha observado una mayor incidencia en esta población, aunque los mecanismos responsables no se conocen con exactitud.
  • Factores genéticos: se han identificado alteraciones en determinados genes que aumentan la predisposición a desarrollar cáncer de páncreas, lo que explica la mayor frecuencia de casos en algunas familias. Entre ellas destacan:
    • Mutaciones en el gen BRCA2, asociado también al cáncer de mama y ovario.
    • Mutaciones en el gen p16/CDKN2A, relacionadas con el melanoma familiar.
    • Mutaciones en el gen PRSS1, vinculadas a pancreatitis crónica hereditaria.
    • Mutaciones en los genes MLH1 y MSH2, asociadas al síndrome de Lynch.
    • Mutaciones en el gen STK11, relacionadas con el síndrome de Peutz-Jeghers.
    • Mutaciones en el gen NF1, implicado en la neurofibromatosis tipo 1.
    • Alteraciones genéticas asociadas a la neoplasia endocrina múltiple tipo 1.
  • Diabetes: se ha observado una asociación, especialmente con la diabetes tipo 2, aunque la relación causa-efecto aún no está claramente establecida.
  • Grupo sanguíneo AB0: algunos estudios observacionales han descrito una mayor frecuencia de cáncer de páncreas en personas con determinados grupos sanguíneos, si bien se desconoce el mecanismo exacto.
  • Pancreatitis crónica: esta enfermedad se asocia a un mayor riesgo de adenocarcinoma de páncreas, aunque la mayoría de las personas que la padecen nunca desarrollan este tipo de cáncer.

Síntomas

En las fases iniciales, el cáncer de páncreas puede no causar ningún síntoma. Cuando estos aparecen, los más habituales son el cansancio, el dolor abdominal y la pérdida de peso, que pueden presentarse con o sin ictericia, es decir, coloración amarillenta de la piel y del blanco de los ojos.

  • Dolor: es uno de los síntomas más frecuentes. Suele localizarse en la parte superior del abdomen y describirse como un dolor sordo que puede extenderse en forma de cinturón hacia la espalda. Puede aparecer de manera intermitente y empeorar después de las comidas.
  • Pérdida de peso: puede deberse a la disminución del apetito, a la sensación de saciedad precoz tras ingerir pequeñas cantidades de alimento o a la presencia de diarrea. En algunos casos, las heces adquieren un aspecto graso y flotan en el agua del inodoro, ya que contienen grasa que no se digiere correctamente debido a la afectación del páncreas.
  • Ictericia: se produce cuando aumentan los niveles de bilirrubina en sangre. Como consecuencia, las heces pueden perder su color marrón habitual y volverse grisáceas. La ictericia aparece por una obstrucción del flujo de bilis desde la vesícula biliar hacia el intestino, donde participa en la digestión. Este bloqueo suele estar causado por el tumor. El exceso de bilirrubina también se elimina por la orina, que adquiere una coloración oscura, similar al coñac.

Diagnóstico

En la mayoría de los casos, no es posible diagnosticar el cáncer de páncreas únicamente a partir de los síntomas o de la exploración física, por lo que es necesario recurrir a distintas pruebas médicas. Desafortunadamente, se trata de un tumor difícil de detectar en fases tempranas y lo más habitual es que, cuando aparecen los síntomas, la enfermedad ya esté en un estadio avanzado.

Los pacientes suelen consultar por dolor en la zona epigástrica (conocida como la “boca del estómago”), pérdida de peso y, en algunos casos, ictericia, que se manifiesta como una coloración amarillenta de la piel y de los ojos. Ante esta situación, normalmente se inicia el estudio con una analítica de sangre que incluye parámetros habituales como las transaminasas (enzimas del hígado), la bilirrubina, la fosfatasa alcalina y las enzimas pancreáticas amilasa y/o lipasa. Se trata de pruebas de uso común, no específicas.

En la mayoría de los casos, tras la analítica se realiza una ecografía abdominal. Esta prueba es especialmente útil para detectar la dilatación de los conductos biliares, algo frecuente en los tumores localizados en la cabeza del páncreas, ya que por esta zona discurre el conducto biliar principal o colédoco. El crecimiento del tumor puede comprimirlo y provocar ictericia. En ocasiones, la ecografía también permite identificar una masa pancreática, aunque su capacidad diagnóstica es limitada y resulta más fiable en lesiones de 3 cm o mayores.

Otra prueba fundamental es la tomografía computarizada (TC) abdominal, también conocida como escáner. El TC permite visualizar el tumor y valorar su relación con los órganos y tejidos cercanos, lo que resulta clave para determinar la extensión de la enfermedad y si es posible la cirugía. Además, ayuda a detectar la presencia de metástasis. En muchos casos, esta prueba es la primera que se solicita cuando predominan síntomas como el dolor abdominal y la pérdida de peso sin ictericia.

Una vez establecido el diagnóstico, suele ser necesario realizar una ecoendoscopia digestiva alta. Este procedimiento es similar a una gastroscopia, pero utiliza un endoscopio especial con un sistema de ecografía incorporado. A diferencia de la ecografía abdominal, permite una visualización mucho más precisa del páncreas y de su relación con estructuras cercanas, especialmente vasos sanguíneos. Además, posibilita la obtención de biopsias mediante una aguja, lo que resulta clave para confirmar el diagnóstico.

En determinados casos, puede ser necesaria la realización de una CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica). Aunque su nombre es complejo, se trata de una técnica endoscópica que permite acceder al colédoco, inyectar contraste y obtener imágenes radiológicas de los conductos biliares y pancreáticos. Además de su utilidad diagnóstica, permite realizar tratamientos, como la colocación de prótesis para desobstruir los conductos comprimidos por el tumor, de forma similar a los stents utilizados en las arterias coronarias.

Por último, cuando el objetivo principal es estudiar los conductos biliares y pancreáticos, también puede emplearse la resonancia magnética. Esta técnica es muy sensible para visualizar estas estructuras y resulta menos invasiva que la CPRE, aunque no permite realizar intervenciones terapéuticas como la colocación de prótesis.

Tratamiento

El tratamiento del cáncer de páncreas depende fundamentalmente del estadio de la enfermedad en el momento del diagnóstico. Cuando se trata de tumores pequeños que no han invadido órganos cercanos, especialmente las grandes arterias próximas al páncreas, la opción de elección es la cirugía con intención curativa. Tras la extirpación quirúrgica, se recomienda administrar quimioterapia para disminuir el riesgo de que el tumor reaparezca.

En aquellos casos en los que el tumor afecta a estructuras vecinas y dificulta su resección inicial, el tratamiento suele comenzar con quimioterapia. El objetivo es reducir el tamaño del tumor y facilitar posteriormente su extirpación quirúrgica. Una vez realizada la cirugía, también se indica quimioterapia complementaria para reducir el riesgo de recidiva.

Cuando el cáncer se ha diseminado a otros órganos alejados del páncreas en forma de metástasis, el tratamiento se basa en la quimioterapia, con la finalidad de frenar o retrasar la progresión de la enfermedad.

El papel de la radioterapia en el cáncer de páncreas es controvertido y, en la actualidad, su uso no está generalizado, quedando reservado únicamente para situaciones muy concretas.

Además del tratamiento dirigido al tumor, es fundamental abordar los síntomas y las complicaciones asociadas a la enfermedad. El dolor es uno de los problemas más frecuentes y relevantes, y suele tratarse con analgésicos ajustados de forma progresiva en función de su intensidad. En determinados casos, puede recurrirse a técnicas como la neurolisis del plexo celíaco, un procedimiento guiado por ecoendoscopia que actúa sobre los nervios responsables de la transmisión del dolor.

Los tumores no resecables suelen comprimir la vía biliar o la salida del estómago, lo que puede provocar ictericia y vómitos. En estas situaciones, el tratamiento endoscópico mediante la colocación de prótesis biliares o duodenales resulta muy eficaz para aliviar los síntomas.

Por último, uno de los pilares esenciales en el manejo del cáncer de páncreas es el adecuado soporte físico y nutricional. La desnutrición es frecuente en estos pacientes y tiene un impacto negativo en la calidad de vida, la tolerancia a la quimioterapia y la supervivencia. Entre las causas de la desnutrición destaca la insuficiencia pancreática exocrina, que aparece tanto en pacientes operados como en aquellos en los que no ha sido posible la cirugía. Esta situación impide una correcta digestión de los alimentos y provoca pérdida de peso, por lo que debe tratarse mediante la administración de enzimas pancreáticas con cada comida. Además, se recomienda mantener una vida activa para prevenir la pérdida de masa muscular, ya que esta se asocia a una peor tolerancia a los tratamientos oncológicos.

Insuficiencia Pancreática Exocrina (IPE) en pacientes con cáncer de páncreas

Concepto

La insuficiencia pancreática exocrina es una complicación muy frecuente en las personas con cáncer de páncreas, con independencia del tratamiento que reciban. Puede aparecer tanto antes como después de la cirugía en pacientes con tumores resecables, así como en aquellos casos en los que el tumor no puede operarse. En estas situaciones, la función del páncreas se altera y deja de producir las enzimas necesarias para una digestión adecuada de los alimentos.

Cuando el páncreas no funciona correctamente, los nutrientes de la dieta no se digieren ni se absorben de forma eficaz. Esto provoca pérdida de peso y desnutrición. A su vez, la desnutrición contribuye a un mayor cansancio, sensación de debilidad y disminución del apetito. Por todo ello, identificar y tratar de forma correcta la insuficiencia pancreática exocrina es fundamental para mejorar la calidad de vida y el pronóstico de las personas con cáncer de páncreas.

Diagnóstico

La insuficiencia pancreática exocrina aparece con tanta frecuencia en personas que padecen o han padecido cáncer de páncreas que, en la práctica clínica, no suele ser necesario confirmarla mediante pruebas específicas.

Aunque existen diferentes métodos para valorar la función pancreática, su utilización en este contexto no suele ser imprescindible. Entre ellos se encuentra la medición de la elastasa en heces, que puede resultar útil en algunos pacientes que no han sido sometidos a cirugía, y el test del aliento con triglicéridos mixtos, considerado actualmente una de las pruebas más adecuadas para el diagnóstico de la insuficiencia pancreática exocrina.

En la práctica diaria, la presencia de pérdida de peso junto con la detección de déficits de determinados marcadores nutricionales en los análisis de sangre suele ser suficiente para confirmar la existencia de insuficiencia pancreática exocrina en pacientes con cáncer de páncreas. Estos mismos parámetros permiten, además, evaluar la respuesta y la eficacia del tratamiento con enzimas pancreáticas.

El tratamiento de la insuficiencia pancreática exocrina se basa fundamentalmente en la administración por vía oral de enzimas pancreáticas. Estas se presentan en cápsulas que contienen minimicrosferas con enzimas digestivas. Su función es ayudar a digerir los alimentos, por lo que deben tomarse con cada una de las comidas del día. La cantidad de cápsulas necesaria en cada toma varía según el volumen de la comida y su contenido calórico y en grasas.

¿Tiene usted que cambiar su dieta si padece IPE?

Tradicionalmente, se aconsejaba a las personas con insuficiencia pancreática exocrina seguir una dieta baja en grasas. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que este tipo de dieta no solo puede resultar insuficiente para controlar los síntomas, sino que además puede agravar el déficit de vitaminas liposolubles ya existente y empeorar el estado nutricional global. Actualmente se sabe que una dieta con un aporte adecuado de grasas mejora la eficacia del tratamiento con enzimas pancreáticas. Por este motivo, no se recomienda una dieta pobre en grasas en estos pacientes.

Si tengo IPE, ¿tengo que tomar enzimas pancreáticas?

La insuficiencia pancreática exocrina es muy frecuente en personas que padecen o han padecido cáncer de páncreas. Por ello, salvo en situaciones excepcionales, el tratamiento sustitutivo con enzimas pancreáticas es necesario de forma habitual en estos pacientes.

Mi médico me ha prescrito enzimas pancreáticas, ¿cómo debo tomarlas?

El objetivo del tratamiento con enzimas pancreáticas es reemplazar la función digestiva del páncreas. De forma general, se recomienda iniciar el tratamiento con una dosis de 50.000 unidades con las comidas principales y 25.000 unidades con las ingestas más ligeras, como las de media mañana o merienda. No obstante, en la mayoría de los pacientes con cáncer de páncreas estas dosis suelen ser insuficientes, por lo que se comienza habitualmente con 75.000 unidades en las comidas principales y 50.000 unidades en las comidas de menor volumen y contenido calórico. Con frecuencia, estas dosis deben ajustarse y aumentarse de manera progresiva para conseguir normalizar el peso y mejorar el estado nutricional.

Dado que en cada comida es necesario tomar varias cápsulas, lo más adecuado es repartirlas a lo largo de la ingesta. De este modo, se facilita una mejor mezcla de los alimentos con las enzimas digestivas en el estómago y se optimiza su eficacia.

 

Contenido revisado en 2026 por:

Dr. Andrés Sénchez Yagüe

Dr. Andrés Sánchez Yagüe

Hospital Univ. Costa del Sol. Marbella. Hospital Quirón Salud Marbella, Marbella.

Autores: 

Dr. Antonio M. Moreno García

Dr. Antonio M. Moreno García

Especialista de la Fundación Española de Aparato Digestivo Hospital Univ. Puerta del Mar. Cádiz.

Supervisado por: 

Dr. Enrique Dominguez Muñoz

Dr. Enrique Domínguez Muñoz

Experto de la Fundación Española de Aparato Digestivo Hospital Clínico Univ. Santiago de Compostela (La Coruña)

FEAD - Fundación Española del Aparato Digestivo

Dr. Daniel de la Iglesia García

Experto de la Fundación Española de Aparato Digestivo Hospital Clínico Univ. Santiago de Compostela (La Coruña)

Contenido relacionado

Enfermedades, síntomas y pruebas diagnósticas

Información clave para tu salud diaria