El uso de clips en la endoscopia terapéutica se ha ampliado de forma progresiva en los últimos años.
Su aplicación principal es la obtención de hemostasia, es decir, detener o prevenir una hemorragia digestiva activa. Además de su eficacia como método hemostático, numerosos estudios han demostrado su utilidad para el cierre de perforaciones y fístulas de la pared del tracto gastrointestinal, especialmente en situaciones en las que la cirugía no está indicada.
Los clips también pueden utilizarse como marcadores endoscópicos radiopacos, permitiendo localizar lesiones en estudios radiológicos y facilitar posteriormente tratamientos dirigidos. Asimismo, se emplean como ayuda para fijar distintos accesorios, como sondas de nutrición o prótesis. Más recientemente, se han utilizado incluso para el cierre de orificios tras procedimientos combinados de cirugía y endoscopia, como las técnicas NOTES/CETON (cirugía endoscópica a través de orificios naturales).
No obstante, las lesiones en las que los clips han demostrado mayor eficacia son las hemorragias gastrointestinales con sangrado activo (con la excepción de la hemorragia por varices esófago-gástricas), como las úlceras pépticas o los sangrados procedentes de arterias de pequeño calibre. Aun así, pueden emplearse en prácticamente cualquier hemorragia digestiva, tanto alta como baja, independientemente de su causa.
Además, los clips constituyen una herramienta habitual y de primera elección en la prevención del sangrado tras una polipectomía (extirpación endoscópica de un pólipo), aplicándose sobre la escara o zona de cicatrización, especialmente en pacientes que toman fármacos antiagregantes o anticoagulantes y presentan un mayor riesgo hemorrágico.