¿Qué es la hepatitis E?

La infección por el virus de la Hepatitis E es una de las principales causas de hepatitis aguda tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, situándose como una enfermedad infecciosa de alta prevalencia e incidencia en Europa.

Tiene mayor impacto clínico en poblaciones especialmente vulnerables, como pacientes inmunodeprimidos, mujeres embarazadas y pacientes con hepatopatía base.

La infección por el VHE es un importante problema de salud pública en Europa debido a que la infección se transmite eficientemente por el consumo de alimentos de origen animal contaminados.

La transmisión directa de persona a persona es poco frecuente.

Síntomas

Las manifestaciones clínicas corresponden a las de una hepatitis aguda, caracterizada por elevación de las transaminasas hepáticas en los análisis de sangre. No obstante, lo más habitual es que la infección pase desapercibida, ya que en muchos casos no produce síntomas.

Cuando aparecen molestias, lo más frecuente es un cuadro parecido al de una gripe, con:

  • Fiebre
  • Malestar general
  • Dolores articulares
  • Náuseas y vómitos

En un número significativo de personas se presenta ictericia, es decir, coloración amarillenta de la piel y de la parte blanca de los ojos. También pueden observarse:

  • Orina oscura, de aspecto similar al coñac
  • Heces muy claras
  • Aumento del tamaño del hígado con dolor en la parte derecha del abdomen
  • Erupciones cutáneas
  • Picor generalizado

Etapas de la infección

En la evolución de la hepatitis E se distinguen varias fases:

Fase de incubación

Es el periodo sin síntomas. Suele durar alrededor de 40 días desde el momento del contagio.

Fase de hepatitis

En esta etapa se elevan las transaminasas, habitualmente entre los 30 y 120 días posteriores a la infección.

El virus comienza a eliminarse por las heces aproximadamente una semana antes de que aparezcan los síntomas y puede seguir eliminándose durante dos o tres semanas después. Durante este periodo se desarrolla la sintomatología descrita anteriormente.

Fase de convalecencia

Los síntomas van disminuyendo progresivamente hasta la recuperación completa.

La hepatitis E crónica es muy poco frecuente. Los casos descritos se han observado casi exclusivamente en personas trasplantadas que reciben tratamiento inmunosupresor. En la población general, la infección no suele evolucionar hacia la cronicidad.

¿Es una infección grave?

En la mayoría de los casos, la hepatitis E tiene una mortalidad baja, situada aproximadamente entre el 0,2% y el 0,3%.

Sin embargo, puede ser especialmente grave durante el embarazo. En mujeres embarazadas existe un mayor riesgo de desarrollar insuficiencia hepática fulminante, con tasas de mortalidad que pueden alcanzar el 20-30%.

Además, en personas con enfermedad hepática crónica previa, la infección por el virus de la hepatitis E puede desencadenar una descompensación grave del hígado.

Diagnóstico

La técnica más utilizada para diagnosticar la infección por el virus de la hepatitis E es el ELISA (inmunoanálisis enzimático), que permite detectar anticuerpos frente al VHE en sangre. La presencia de estos anticuerpos indica contacto con el virus, ya sea reciente o pasado, según el tipo identificado.

También puede buscarse directamente el material genético del virus (ARN del VHE) en sangre o en muestras de heces mediante una prueba llamada PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Cuando la PCR resulta positiva, significa que el virus está presente y replicándose, por lo que se considera un marcador claro de infección activa.

Tratamiento

En la actualidad no existe un tratamiento específico para la hepatitis E. El manejo se basa en medidas de soporte, como reposo, hidratación adecuada y control de los síntomas, mientras el organismo elimina el virus de forma natural. Cuando se cronifica, el tratamiento de elección es la Rivabirina.

Tras superar la infección, lo habitual es que se desarrolle inmunidad duradera, lo que significa que el organismo queda protegido frente a futuros contactos con el virus. Este hecho, junto con la respuesta inmunitaria que genera la enfermedad, respalda la posibilidad teórica de desarrollar una vacuna eficaz.

Los grupos que potencialmente más se beneficiarían de una vacuna serían:

  • Mujeres embarazadas.
  • Personas que viven en regiones donde el virus es endémico.
  • Viajeros que se desplazan a estas zonas.

Sin embargo, hasta el momento no se dispone de una vacuna ampliamente accesible frente al virus de la hepatitis E.

Virus de la hepatitis E (VHE) y gestación

En los países en vías de desarrollo, donde la hepatitis E es más frecuente, el VHE constituye la principal causa de hepatitis aguda fulminante durante el embarazo, representando aproximadamente la mitad de todos los casos de hepatitis viral aguda en gestantes. Por suerte, en nuestro entorno la situación es mucho menos grave.

La infección por VHE en el embarazo se asocia con un mayor riesgo de complicaciones obstétricas, incluyendo:

  • Aborto espontáneo
  • Muerte fetal
  • Parto prematuro

La mortalidad por hepatitis fulminante aumenta conforme avanza la gestación, siendo más elevada durante el tercer trimestre.

Contenido revisado en 2026 por:

casado

Dra. Marta Casado Martín

Hospital Univ. Torrecárdenas, Almería

Contenido original por:

FEAD - Fundación Española del Aparato Digestivo

Dr. Javier Salmerón Escobar
y A. Gila

Unidad Clínica de Aparato Digestivo. Hospital Univ. “San Cecilio”. Granada

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