Las manifestaciones clínicas corresponden a las de una hepatitis aguda, caracterizada por elevación de las transaminasas hepáticas en los análisis de sangre. No obstante, lo más habitual es que la infección pase desapercibida, ya que en muchos casos no produce síntomas.
Cuando aparecen molestias, lo más frecuente es un cuadro parecido al de una gripe, con:
- Fiebre
- Malestar general
- Dolores articulares
- Náuseas y vómitos
En un número significativo de personas se presenta ictericia, es decir, coloración amarillenta de la piel y de la parte blanca de los ojos. También pueden observarse:
- Orina oscura, de aspecto similar al coñac
- Heces muy claras
- Aumento del tamaño del hígado con dolor en la parte derecha del abdomen
- Erupciones cutáneas
- Picor generalizado
Etapas de la infección
En la evolución de la hepatitis E se distinguen varias fases:
Fase de incubación
Es el periodo sin síntomas. Suele durar alrededor de 40 días desde el momento del contagio.
Fase de hepatitis
En esta etapa se elevan las transaminasas, habitualmente entre los 30 y 120 días posteriores a la infección.
El virus comienza a eliminarse por las heces aproximadamente una semana antes de que aparezcan los síntomas y puede seguir eliminándose durante dos o tres semanas después. Durante este periodo se desarrolla la sintomatología descrita anteriormente.
Fase de convalecencia
Los síntomas van disminuyendo progresivamente hasta la recuperación completa.
La hepatitis E crónica es muy poco frecuente. Los casos descritos se han observado casi exclusivamente en personas trasplantadas que reciben tratamiento inmunosupresor. En la población general, la infección no suele evolucionar hacia la cronicidad.
¿Es una infección grave?
En la mayoría de los casos, la hepatitis E tiene una mortalidad baja, situada aproximadamente entre el 0,2% y el 0,3%.
Sin embargo, puede ser especialmente grave durante el embarazo. En mujeres embarazadas existe un mayor riesgo de desarrollar insuficiencia hepática fulminante, con tasas de mortalidad que pueden alcanzar el 20-30%.
Además, en personas con enfermedad hepática crónica previa, la infección por el virus de la hepatitis E puede desencadenar una descompensación grave del hígado.