El tratamiento tiene dos objetivos fundamentales: corregir los factores que han desencadenado el episodio y disminuir la acumulación de sustancias tóxicas que afectan al cerebro.
Uno de los tratamientos más utilizados es la lactulosa o el lactitol. Estos medicamentos ayudan a eliminar amonio a través del intestino y favorecen el tránsito intestinal. El objetivo no es provocar diarrea intensa, sino conseguir varias deposiciones blandas al día.
En algunos pacientes también se utiliza rifaximina, un antibiótico que modifica las bacterias intestinales y disminuye la producción de sustancias tóxicas.
Además del tratamiento farmacológico, es fundamental corregir los factores desencadenantes. Tratar una infección, controlar una hemorragia digestiva, evitar la deshidratación o corregir el estreñimiento puede ser decisivo para mejorar la encefalopatía.
¿La alimentación es importante?
Sí, y mucho.
Durante años se pensó erróneamente que los pacientes con encefalopatía debían reducir drásticamente las proteínas de la dieta. Actualmente sabemos que esto puede ser perjudicial. La pérdida de masa muscular y la desnutrición favorecen la encefalopatía hepática y empeoran el pronóstico.
Por eso, en la mayoría de los pacientes se recomienda mantener una alimentación equilibrada y suficiente en proteínas, adaptada a cada situación clínica. También suele aconsejarse repartir la ingesta en varias comidas al día y evitar ayunos prolongados.
¿Qué ocurre si los episodios se repiten?
Algunos pacientes presentan episodios recurrentes de encefalopatía hepática. En estas situaciones puede ser necesario mantener tratamiento preventivo a largo plazo con lactulosa, rifaximina o ambos.
También es importante revisar si existen factores que favorecen las recaídas, como estreñimiento persistente, infecciones frecuentes o determinados medicamentos.
En pacientes seleccionados, especialmente cuando existe un TIPS o grandes cortocircuitos vasculares, puede ser necesario valorar tratamientos adicionales.
¿Puedo hacer vida normal?
Depende de la gravedad y de la frecuencia de los episodios.
Muchas personas pueden mantener una vida relativamente normal cuando la encefalopatía está bien controlada. Sin embargo, incluso las formas leves pueden afectar a la capacidad de concentración, al rendimiento laboral o a tareas cotidianas como conducir.
Por eso es importante reconocer precozmente los síntomas y seguir adecuadamente el tratamiento.
¿Puedo conducir?
La encefalopatía hepática puede alterar los reflejos, la atención y la capacidad de reacción. En algunos pacientes esto aumenta el riesgo de accidentes. Por ello, la recomendación general es que los pacientes con encefalopatía hepática no deben conducir.