La cirrosis es una enfermedad crónica del hígado que aparece tras años de daño mantenido. Con el tiempo, el hígado desarrolla cicatrices (fibrosis) que alteran su estructura y su funcionamiento. Aunque este es el nombre más comúnmente empleado lo correcto es hablar de enfermedad hepática crónica avanzada compensada.
Sin embargo, no todas las personas con cirrosis están en la misma situación. Hablamos de cirrosis compensada cuando el hígado todavía es capaz de realizar sus funciones y no han aparecido complicaciones importantes. En esta fase, muchas personas se encuentran bien y pueden llevar una vida prácticamente normal, e incluso algunas desconocen que tienen la enfermedad.
Precisamente por eso, detectar la cirrosis en este momento es clave, ya que permite actuar antes de que aparezcan problemas más serios.
¿Por qué es tan importante diagnosticarla a tiempo?
El diagnóstico precoz cambia el curso de la enfermedad. Permite identificar la causa, iniciar el tratamiento adecuado y reducir el riesgo de que la cirrosis avance.
En algunos casos, cuando se actúa sobre el origen del daño hepático, la enfermedad puede estabilizarse e incluso mejorar parcialmente. Además, el seguimiento médico en esta fase permite prevenir o detectar de forma precoz complicaciones que pueden ser graves si aparecen de forma tardía.
